(Melvin López Herrera)
Recientemente, como costumbre tomada de otras coordenadas, ha sido tema del momento los famosos cien días correspondientes al período de gracia que se le otorga a un mandatario, para que pueda respirar con libertad y sin presiones en el inicio de su mandato, haciéndonos mantener la expectativa de lo que su gobierno nos traerá. A partir del arribo a esos cien días se empieza a valorar cómo ha sido el arranque en su gobierno, si se le ve el norte deseado, o si por el contrario su gobierno será uno más en el recorrido dentro del calendario político de nuestro sistema “democrático”.
Nasry Juan Asfuro Zablah, de todo es sabido, llegó a sentarse en la silla presidencial después de un muy indiscutiblemente dudoso gane electoral, donde apretadamente se produjo la declaratoria de presidente electo al filo del campanazo final, después de haberse omitido el reconteo de un significativo número de actas, cuando la diferencia con su más cercano opositor reflejaban menos de un uno por ciento (con lo que fácilmente en cualquier momento del reconteo pudo “haberse dado vuelta la tortilla”), y tras el lógico efecto que produjo el empujón a su favor, y la amenaza al pueblo, por parte del “emperador universal siglo XXI”, quien con un intervencionismo a su gusto y antojo pone y quita gobernantes en los países que a él le vengan en gana.
Así ha comenzado el gobierno actual, sobre lo que ha sido notorio un alto grado de improvisación inclusive desde la integración de su gabinete (hecho por cierto señalado hasta por los medios que se jactan de ser serios e independientes en sus análisis). Fue evidente la lentitud con la que fue designando a sus colaboradores, sobre lo que se comenta que en algunos casos no ha concluido su designación. Igualmente resultó y sigue resultando escandaloso que en otros casos haya nombrado a personajes que actualmente están siendo cuestionados en los tribunales de la República, con procesos en curso. No ha pasado por desapercibido que gran parte de la plantilla de su cuerpo ejecutivo es una calca del gobierno de lo que fue -y amenaza con llegar nuevamente a ser- la estructura del “juanorlandismo”, que ya dejó una negra como nefasta estela en la historia política de nuestra amada Honduras y hasta con repercusiones internacionales.
Ya habiendo transcurrido esos cien días, la primera rección del mandatario al sentir que le están pisando sus botas, fue la de reclamar algo así: “¿por qué querer evaluarme en tan solo cien días… por qué no esperar cuarenta y cinco meses?…”. Ello sólo demuestra que el mandatario está consciente que su arranque no ha sido tan alentador hasta la fecha y que necesita de una nueva tregua para poder maquillar el tiempo transcurrido hasta ahora en su mandato y lo que le queda de su período presidencial.
El gobierno actual, como todos los anteriores, pretende justificar su inefectividad arguyendo que, todo es consecuencia del estado en que dejó las cosas el gobierno anterior (todos dicen lo mismo); teniendo que estar ordenando las cosas después del desastre en que fueron encontradas… eso es lo que sostiene este gobierno y que lo se le propagandiza mediáticamente. Adicionalmente, más allá de empezar a dar los frutos esperados, se ha concentrado en radiografiarle al pueblo hechos y sucesos escandalosos del gobierno anterior…. ¿Y cuándo arrancará evidenciando sus propios y efectivos frutos como partido político en el poder?
El querer justificarse con el argumento que su actual gestión como gobierno se ha visto frenada por el hecho de no haberse dado la transición debida del gobierno anterior… ello no es justificación. Nos preguntamos: ¿Dónde se ha visto que, como consecuencia de los malditos golpes de Estado, los militares que gobernaron de facto hayan argumentado que no pudieron arrancar (tras su asalto al poder) debido a que no se materializó ningún proceso de transición del gobierno depuesto?… Inclusive Micheletti, en su gobierno de facto, jamás salió con tal excusa en su período de casi siete meses.
Salud, educación, seguridad y empleo; son las principales columnas vertebrales (no las únicas) de todo gobierno que se instale para conducir el carruaje donde la nación entera habrá de transitar hacia el bienestar social, inspirado en el artículo 59 de nuestra Constitución, en que define a la persona humana (en sentido colectivo) como el fin supremo de la sociedad y del Estado. Y una de las armas para mantener sólidas esas columnas es el decidido combate a la corrupción… arma que ha brillado por su ausencia en todos los gobiernos, y sobre lo que este gobierno estaría poniéndose a prueba.
Haciendo un apartado… es curioso el hecho de que el mandatario se haya echado el trompo a su propia uña, al pretender asumir directamente la titularidad de la Secretaría de Estado en el despacho de Salud. En esa Secretaría históricamente es donde impunemente se han materializado uno de los mayores actos de corrupción en la administración pública. Si el mandatario no logra superar y poner fin a ese impune latrocinio que ha sido invencible en esa Secretaria, al rato (sin querer queriendo) podría salir hasta untado de todo lo que allí ocurra.
Siempre sobre la misma Secretaría de Estado; haremos referencias a lo que establece el artículo 253 constitucional: “Es incompatible con la función de Secretario de Estado, el ejercicio de otro cargo público, salvo en el caso que las leyes le asignen otras funciones…”. Al presidente de la República no le está asignando ni en la Constitución ni en ninguna otra ley el asumir la función de Secretario de Estado. De continuar Nasry Juan Asfdura Zasblah haciéndose cargo de la Secretaría de Salud, estará haciendo lo mismo que hizo Iris Xiomara Castro Sarmiento cuando, después de la renuncia de Rixi, asumió directamente la Secretaría de Defensa: violentando la Constitución de la República.
Por lo demás, hay otras cosas de mayor relevancia en el desempeño del actual presidente de la República, con lo que debió arrancar dentro de sus cien días: No ha dado señales de querer instalar la tan despreciada Cicih por quienes actualmente quieren continuar manteniéndose en la impunidad; no obstante que ahora sí que se cuenta con la mayoría calificada que le apoye desde el Congreso Nacional. Tampoco, con su iniciativa de Ley, el actual mandatario no ha dado visos de promover ante el Congreso Nacional, o impulsarle a, la aprobación de la Ley de Colaboración Eficaz, sobre la que entendemos tan sólo le falta su último debate. Todo ello le permitiría para su seguridad de gobernante que, su período ejecutivo se encontrará menos amenazado de escándalos como los que se dan con los acostumbrados asaltos a las arcas del Estado.
Y al rumor generalizado de que en este gobierno se pretenderá instalar nuevas “zede”, ahora definitivamente proscritas en nuestra Constitución, el gobierno no ha pretendido tan siquiera manifestarse oficialmente -como debió y debe ser- desvirtuando dicho rumor, que incluso ha trascendido en el campo internacional. Igualmente, sobre otro rumor que advierte la amenaza de convenir la instalación de otra base militar, ahora en la parte norte de nuestro territorio, tampoco se ha escuchado el pronunciamiento oficial del gobierno.
Con todas esas especulaciones, la realidad es que: éste es definitivamente un gobierno nacionalista, políticamente señalándolo, a la calca de lo que fue el gobierno de Juan Orlando y con la actual influencia activa de personajes que constituyeron su argolla en sus doce años de aquel gobierno (desde el Legislativo inclusive) y con las características y calidad productivas experimentadas en esos años. A todo ello se suma que el Partido Nacional, actualmente hecho gobierno, no cuenta con una efectiva oposición política, tras la indiscutible absorción por anexión que ha hecho del Partido Liberal; vendido o alquilado por su cúpula.
Mientras se dan los 45 meses que el presidente sugiere para justificarse, el gobierno actual debe pronunciarse oficialmente sobre sobre el tan llevado y traído tema relacionado con las nuevas “zede” y la nueva base militar. Lo que al respecto acuerde y suscriba presidente actual con otros Estados a espaldas del pueblo, no sería otra cosa enajenar nuestra soberanía; lo que en ningún momento está permitido, sino que proscrito, en nuestra Constitución.
Ya pasaron los 100 días… ¿Qué nos vendrá ahora?
Mayo 10, 2026