DOÑA LAURA DOGU… ¿IMPRUDENCIAS O EXCESOS EN EL EJERCICIO DE SU MISIÓN?

(Melvin López Herrera)

Doña Laura Farnsworth Dogu, actual embajadora de Estados Unidos de América en nuestro país, no es una dama que en forma improvisada ha sido nominada como embajadora de su país en el nuestro.  Ella tiene una vasta experiencia, desde 1991, en asuntos internacionales e internos en su país natal. Ha pasado por Asesora del Ejército del Pentágono, se ha desempeñado en el F.B.I., ha ejercido en el Servicio Consular de Usa en El Salvador, Turquía, México, Egipto, fue Embajadora en Nicaragua y actualmente funge como Embajadora en Honduras.

Por su trayectoria pública, de la señora Dogu no se puede ni siquiera pensar que cualquier  pronunciamiento público que haga en el ejercicio de su actual cargo lo hace de manera inocente o inconsciente; a tal grado que ella no debe dudar en lo mínimo cuándo causará o no alguna lógica y esperada reacción tanto del gobierno como del pueblo hondureño.

Es muy claro que la “Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas” fija tres reglas muy bien definidas para los miembros de misiones diplomáticas en las que el jefe es el embajador del Estado acreditante: 1) proteger en el Estado receptor los intereses del Estado acreditante y los de sus nacionales, dentro de los límites permitidos por el derecho internacional, 2) respetar las leyes y reglamentos del Estado receptor, obligándose a no inmiscuirse en sus asuntos internos y 3) tratar los asuntos oficiales que les encomienda el Estado acreditante directamente con el Ministerio de Relaciones Exteriores o por conducto de éste.

Ningún embajador está llamado a perderse, por ignorancia, confusión o concebido propósito, con estas reglas de oro para asegurar las buenas relaciones diplomáticas entre su Estado y el Estado receptor. Dicho en otras palabras en este caso: ningún embajador del gobierno americano debe sentirse y actuar privilegiadamente con respecto al resto de sus homólogos diplomáticos acreditados ante nuestro país, saliéndose de ese marco que le impone la “Convención”.

No hay duda que al Presidente Biden por algo le fue aprobada la nominación de doña Laura Dugo como embajadora del pueblo y gobierno americano ante el pueblo y gobierno hondureño.  Su experiencia recorrida en los diferentes cargos desempeñados en varios países y a lo interno de la nación del norte le garantiza al gobierno americano la efectividad de su misión en nuestra nación y su habilidad político-diplomática para ejercer su cargo en función de los intereses del gobierno que representa.  Naturalmente que, mientras ella  se desenvuelva dentro de los cánones que le impone la “Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas” no generará conflicto alguno con relación a las excelentes relaciones que se puedan mantener entre los dos gobiernos.

Por una sistemática confrontación de la oposición al gobierno actual, por desconocimiento de los límites impuestos a las misiones diplomáticas, o por un censurable “temor esclavizante” que por generaciones se nos ha hecho y se nos sigue haciendo digerir sobre un inaceptable sometimiento obligado al país del norte, muchas personas de opinión pública incurren en la inaceptable crítica que dirigen a nuestro Canciller sobre los últimos cruces de expresiones intercambiadas con la embajadora americana.

El último y más reciente acontecimiento de este cruce de palabras entre la embajadora y el Canciller fue con motivo de su reunión con el Designado Presidencial Nasrralla al que identificó como Vicepresidente, comentando además en su tweet los temas abordados.  El contenido de ese tweet, que ya es del dominio público, provocó la reacción del Canciller habiéndose posteriormente disculpado la embajadora únicamente por la “mala traducción” que reconoció en dicho mensaje, al haberse referido a Salvador como Vice Presidente. 

La verdad a nuestro juicio, no es esa equivocada terminología de “Vice Presidente” la que pudo llamar al malestar del Canciller o de cualquier conciudadano; pues en Honduras constitucionalmente se le nomina como “Designado Presidencial” a quien en otros países se les llama y reconoce en forma equivalente como Vice Presidente”; así que sostenemos con buen criterio que no fue lo de “Vicepresidente” lo que ocasionó el malestar justificado del Canciller.

Sin ahondar en si la reunión con Nasrralla fue a pedimento de él o si ella tuvo la iniciativa de invitarle (siendo esto otros veinte pesos), lo que debió hacer reflexionar a la embajadora americana no es la equivocada traducción en su tweet, sino su injerencia en asuntos que competen exclusivamente al Estado y pueblo hondureños y cuyos temas tratados llega ella hasta hacerlos públicos; ignorando u olvidándose de las reglas esenciales de la “Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas”; que ya las mencionamos en los primeros párrafos de este artículo.

Sentimos que la Embajadora Dogu en esta época está actuando tal como lo hizo en su oportunidad la encargada de negocios del gobierno americano, Heidi Fulton, convertida en árbitro y juzgador dentro del proceso electoral de 2017; hasta llegar en nombre del gobierno americano a imponernos a quien usurpó la Presidencia de la Republica teniendo impedimento constitucional para asumir ese cargo.

Decimos que doña Laura está actuando igual porque ya es una forma reiterada de pronunciarse e inmiscuirse en asuntos que le están vedados, como lo ha hecho en el pasado y lo sigue haciendo ahora: 1) se pronunció informando que “estaban analizando” los contratos de energía eléctrica que están por revisarse en virtud de haber resultado leoninos y groseros para este pueblo pobre, 2) se pronunció sobre el proyecto de la Ley del Consejo de Defensa y Seguridad, también en discusión en el Congreso Nacional y haciendo advertencias sobre el mismo, 3) después de recibir a la representación de “Prospera” publica en su tweet esa reunión resaltando la importancia de la inversión extranjera en nuestro país, como dándole un espaldarazo a las Zede’s, que no son otra cosa que una violación a nuestra soberanía… Y ahora su reciente tweet relacionado con la reunión con Salvador.

Y no sabemos si sus visitas al Congreso Nacional, a la Corte Suprema de Justicia y a otras instituciones del Estado de Honduras las ha promovido o no por conducto de la Cancillería, como debe ser a la luz de lo que  le impone la Convención de Viena… Todo ello es señal indiscutible de la reiterada injerencia de la embajadora del país del norte en asuntos privativos del gobierno y pueblo hondureños.

Que esos excesos de dona Laura (que en ningún momento deben interpretarse como simple “imprudencia” de su parte) no nos lleve a protestar indebidamente la ineludible reacción de nuestro Canciller en el ejercicio de su cargo.  No miremos este “cruce de mensajes”, que esperaríamos no se repitan, con los ojos y el pensamiento del tradicional “temor esclavizante” hacia el gobierno americano, y que de una vez deberíamos desterrar de nuestro interior pues, siempre se vive insistiendo en estos casos que si no agachamos la cabeza podremos convertirnos en nación desfavorecida ante la política del coloso del norte con respecto a estas humildes y pobres naciones.

Si no hacemos sentir el debido respeto a la dignidad soberana de nuestro pueblo, seguiremos enajenando hacia nuestras futuras generaciones el síndrome del “temor esclavizante” al gobierno americano y que jamás nos hará tan siquiera relativamente libres.

Octubre 4 de 2022

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