La nación entera, y el mundo exterior, está viviendo con sumo interés el desenvolvimiento del actual proceso electoral que se definirá este 28 de noviembre con la celebración de las elecciones generales. A lo interno sentimos (con buen sentir) que estamos experimentando algo así como el viacrucis de los migrantes de nuestro país que en su desesperación buscan como única solución a sus problemas personales y familiares alcanzar el territorio de la nación del norte para liberarse de las calamidades que han tenido que soportar con relación al gobierno actual, y después de casi doce años de dictadura, donde desde la cúpula del Estado no ha tenido eco el precepto constitucional en su artículo 59 que dice que “la persona humana es el fin supremo de la sociedad y el Estado”. ”. Así nos sentimos: queriendo ponerle a nuestra Patria un nuevo rostro, con autoridades que la dignifiquen; porque ya no aguantamos más.
Dentro de los cuatro niveles electorales en los que participaremos como definidores del destino de nuestra querida Honduras, dos de ellos son los que más acaparan nuestra atención en el verdadero plano de una competición cívica, como deberían ser este tipo de comicios: la elección del (de la) nuevo(a) presidente de la República y la de los diputados que habrán de integrar el Congreso Nacional en el nuevo cuatrienio.
En el nivel presidencial se observa que la competencia se centra entre los del Partido Nacional y de Libre, sintiéndose que la balanza se inclinará hacia Xiomara Castro, sobre todo por considerar que un gane de “Papi a la Orden” provocaría una continuad del partido más perverso en la vida política de la nación y donde en una u otra forma es indudable que Juan Orlando sería el poder detrás del trono, asociado con quienes desde el Congreso actual le han traído la mayor desgracia a la nación, indigna de ese destino.
Pero… ¿nos vamos a olvidar de lo más que necesario que es cambiarle la cara al Congreso Nacional impidiendo en retorno de quienes desde allí han ultrajado la democracia, han empobrecido más a la nación hasta hacerle perder su identidad colectiva? ¿Tenemos presente a los diputados que se encargaron de consolidar su corrupción sacando a la Maccih tan sólo para continuar robándose el dinero del pueblo, sin ser perseguidos por la justicia?… ¿los que nos entregaron el Código Penal de la Impunidad?…¿los que hicieron reformas legislativas para frenar a la Fiscalía en la persecución de sus atracos?.
En ese grupo de diputados que están pretendiendo un nuevo período están los que actualmente conforman la bancada nacionalista que van por la reelección y sus asociados del lado oscuro de Partido Liberal que están pretendiendo continuar, más dos de los partidos de maletín. Creemos y esperamos que los nacionalistas dignos, que deben ser la mayoría de ese partido político, no se van a prestar a ratificar a esos “repitentes” que le han hecho muchísimo daño a la nación, a su propio partido, y a las generaciones venideras que serán las que cargarán en sus espaldas el resultado de las acciones impunes de quienes se valieron de su voto en el pasado tan solo para sacar provecho personal desde el Congreso Nacional. Igual actitud deben asumir con su voto los liberales que desean que su partido sea depurado y que desde el Congreso los del lado oscuro no hagan complicidad con los nacionalistas. Nuestro voto deberemos depositarlo con absoluto criterio y con irrenunciable responsabilidad… O votamos por los mismos, o votamos contra los mismos.
Noviembre 19, 2021