(Melvin López Herrera)
Lo necesitábamos… lo demandábamos… lo esperábamos…. Y este proceso electoral que cierra en noviembre era, como continúa siéndolo, la única gran oportunidad de los hondureños para sacudirnos del secuestro al que hemos estado sometidos, como nación y como Estado por quien ha venido usurpando la presidencia de la República y su grupito cúpula dentro del Partido Nacional, con la colusión de algunas instituciones claves del Estado por medio de sus titulares; como La Fiscalía General de la República, la Corte Suprema de Justicia, el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y, entre otros más, el Congreso Nacional por medio de la bancada oficialista y diputados de la oposición que se convirtieron en actores-cómplices del partido político que con alevosía y perversidad nos ha gobernado por doce años.
En más de un ocasión insistimos que una verdadera “alianza de oposición” era y sigue siendo la única fórmula para sacar del gobierno al “narcorrupto” partido político que se sostiene en su esquema fraudulento para imponerse esta vez en las elecciones de noviembre y así mantenerse en el poder por cuatro años más; para auto blindarse sus cabecillas y sus cómplices, y así seguir destruyendo el Estado y la nación con sus continuos actos de corrupción y legislando exclusivamente para su fines y propósitos propios, en busca del aseguramiento de su impunidad como su única arma para sobrevivir sin ser alcanzados por la justicia interna y exterior.
Debemos reconocerle y felicitar a Salvador al haber reflexionado tomando la decisión oportuna de ponerle un “alto” a sus aspiraciones políticas en busca de la presidencia de la República; por el bien de la nación… para facilitar con ello que se materialice la necesaria posibilidad de que el Partido Nacional sea vencido en las elecciones generales de noviembre y con ello sacarle del gobierno. Esa alianza le devuelve las esperanzas a la nación entera, pues significa el rescate del Estado, de la institucionalidad y del país, actualmente sometidos a la cúpula política de ese partido, con Juan Orlando a la cabeza.
De igual manera debemos reconocer y felicitar a Libre, y con ello a la familia Zelaya, que supo hacer a un lado y olvidar los malestares experimentados por continuas declaraciones “sui géneris” de campaña por parte de Salvador, que nos creaba desesperanzas al sentir más amenazante la grieta que impediría la necesaria como impostergable alianza en esta lucha que debe ser de todo buen hondureño, y con la que tras las elecciones generales se alcanzaría el rescate de la nación.
Dentro de las mayores fuerzas políticas de oposición sólo nos queda que el Partido Liberal se sume a esta alianza para consolidar el triunfo de la democracia, la derrota electoral efectiva del Partido Nacional, y con ello la necesaria e impostergable oxigenación sociopolítica de esta nación que llora a gritos por la felicidad y el bienestar de lo que pobremente disfrutaba, y que de manera inmisericorde se le ha arrebatado.
Yani debe reflexionar en que tiene su única gran oportunidad para aportarle a la nación, facilitando la salida del Partido Nacional en las elecciones de noviembre. Y también debe reconocer que estará siendo presionado en contrario por fuerzas internas de su partido que en el Congreso Nacional sólo han servido para coludirse con la bancada nacionalista y en contra del pueblo hondureño; y que actualmente están pretendiendo repetir electoralmente para mantenerse dentro de las ventajas y beneficios que les ha propiciado estar integrando el Congreso en la forma que lo han hecho.
El trabajo por el rescate de la nación es de todos los buenos ciudadanos habilitados para ejercitar nuestros derechos políticos; pero por sobre todo de los partidos mayoritarios de la oposición política que en concurso pleno están llamados (sin evadir el bulto) a consolidar esta alianza ya iniciada. Mantenerse al margen será facilitarle el trabajo fraudulento al Partido Nacional para retener el poder y terminar de hundir a la nación.
Octubre 16, 2021