¿UN ESTADO SIN FUERZAS ARMADAS O SIN TERRITORIO?

(Melvin López Herrera)

Para las elecciones generales de 2013, Juan Orlando en sus pretensiones de convertirse en presidente de la República utilizaba pelotones de la Fuerzas Armadas acompañándole en sus spots de campaña, violentando con ello disposiciones constitucionales con las que al instituto armado se le impone un comportamiento estrictamente apolítico.  Así fue como se hizo acompañar de pelotones de la Policía Militar del Orden Público en su campaña mediática; haciendo aparecer a la institución castrense sometida inconstitucionalmente a él; dejando con ello una enorme duda en cuanto a su participación de carácter eminentemente logístico de las Fuerzas Armadas en aquel proceso electoral, donde pasaban constitucionalmente a las órdenes del Tribunal Supremo Electoral.

Ante ese abuso de quien por esa época era presidente del Congresos Nacional el pueblo se hizo muchas interrogantes todavía no respondidas: ¿dejaron de ser apolíticas las Fuerzas Armadas?; ¿están parcializándose, consciente y deliberadamente, con un determinado candidato presidencial?; ¿tienen las Fuerzas Armadas algún interés en que los resultado de las elecciones se inclinen hacia determinado candidato o candidata?; ¿pueden las Fuerzas Armadas hacerle sentir al pueblo la confianza en que este proceso será manejado con manos limpias, dentro de la transparencia debida, y que el instituto armado se apegará estrictamente a participar en el mismo dentro del marco que estrictamente le señala la Constitución?

Una vez convertido en presidente en 2014 Juan Orlando pasó a ejercer una total manipulación de las Fuerzas Armadas, a tal grado que para las elecciones generales de 2017 les hizo coludirse, bajo la responsabilidad cómplice de las tres últimas conformaciones de su Estado Mayor Conjunto; que le permitieron asumir inconstitucionalmente un nuevo mandato presidencial, sin cumplir el instituto castrense la ineludible disposición que les impone la Carta Magna: garantizar la “alternabilidad” en el ejercicio de la presidencia de la República.

Y actualmente sigue siendo así, cuando el Estado Mayor Conjunto -desde 2018- viene sosteniendo la actual usurpación presidencial condenada por la Constitución de la República en su artículo 2; y sus jefes ya politizados se atreven a dar declaraciones de respaldo estrictamente político al gobernante de facto, tratando de justificar lo injustificado: la usurpación actual de la presidencia de la República, cuando los artículos constitucionales 2 párrafo segundo y 240 numeral 3 exigen la “alternabilidad” en el ejercicio de la presidencia, y prohíben la reelección de quien es jefe superior de las Fuerzas Armadas, los cuerpos de la Policía Nacional y de Seguridad del Estado.

Así, con esa trayectoria política Juan Orlando Hernández Alvarado ha sido y continúa siendo el mayor y más peligroso enemigo de las Fuerzas Armadas; al manipularlas a su conveniencia personal hasta hacerlas salirse sumisamente del marco de acción que la Constitución les señala y les impone, y hacerles desobedecer el ineludible mandato constitucional de garantizar la “alternabilidad” en la presidencia de la República.

Para este nuevo proceso electoral que concluirá en noviembre Juan Orlando, un súper genio del maquiavelismo político catracho, ha salido mediáticamente tratando de enfrentar a las Fuerzas Armadas con la mayor parte de la ciudadanía constituida en la oposición a su gobierno usurpador; manifestando irresponsablemente como lo acostumbra con su conducta pública, que “algunos políticos están planteando pensar en un debate de un Estado sin Fuerzas Armadas”.

¿Qué persigue ahora Juan Orlando?… ¿mantenerse dentro de su improcedente proselitismo político -ya de salida- para continuar como figura insustituible dentro del Partido Nacional opacando con ello al candidato presidencial que pasa a un segundo plano?; ¿intensificar la duda ya sembrada acerca de que desde la sombra política dará su salto felino para remplazar en el presente proceso electoral al candidato ganador de su partido político en las pasadas elecciones primarias?; ¿asegurarse para sí la continua complicidad  y colusión de las Fuerzas Armadas hasta lograr su objetivo de retener inconstitucionalmente el poder?; ¿contar con el apoyo del instituto castrense para asegurar su ya judicialmente en riesgo libertad personal una vez que le toque abandonar el trono usurpado?; desestabilizar y hacer fracasar el actual proceso electoral para provocar una nueva crisis política mayor que la que generó en 2017 donde violó la Constitución, y donde él sería el mayor beneficiado de esta nueva crisis?

Juan Orlando se atreve a denunciar sin ningún fundamento que la oposición política está pensando en  un Estado sin Fuerzas Armadas. Esa falsedad en las irresponsables declaraciones  del gobernante de facto se confronta con la realidad de estarnos heredando -él, Juan Orlando- un Estado sin territorio nacional. Porque es indiscutible que con el sostenimiento inconstitucional de las ZEDE’s el gobernante de facto está limitando la función constitucional de las Fuerzas Armadas y con ello reduciéndola a su mínima finalidad con relación a sus principales funciones concebidas en nuestra Carta Magna al momento en que fueron instituidas: la defensa de la integridad territorial y la soberanía de la República; y como consecuencia de esa fatal herencia, la reducción y casi desaparición del Estado de Honduras, al entregar el territorio nacional al dominio extranjero, plantando Estados foráneos dentro de nuestro Estado.

Le queda a las Fuerzas Armadas, por medio de su Estado Mayor Conjunto, decidir continuar o no dentro de la complicidad y colusión que le han venido dispensando a quien continúa usurpando la presidencia de la República… O se despolitizan desmarcándose del gobernante de facto, o continúan, con su actual complicidad y colusión, delinquiendo contra la Constitución, contra el Estado de derecho y contra el pueblo soberano.

Agosto 31, 2021

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